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Impago del préstamo (default)

El impago, o default, es el incumplimiento del contrato de préstamo por parte del prestatario, casi siempre por no pagar durante un tiempo largo, que permite al prestamista exigir toda la deuda.

En pocas palabras

El default no es un simple retraso, sino el punto a partir del cual el prestamista deja de esperar pagos según el calendario. Suele definirse por un número de días de atraso, por ejemplo 90, o por un hecho concreto: el cliente declara que no pagará, entra en un proceso de insolvencia o resulta que mintió en la solicitud.

Cómo se ve en la práctica

Ejemplo ilustrativo: según las reglas internas, un retraso de más de 90 días es default. El día 91 el préstamo pasa a la categoría de impagados. Si el contrato lo prevé, todo el saldo pendiente puede volverse exigible de inmediato.

Después toca elegir: seguir cobrando con medios propios, ejecutar la garantía, reclamar al avalista, vender la deuda o darla de baja.

Por qué le importa al dueño

La proporción de impagos es el indicador principal de la calidad de las concesiones. Se mira por cosechas: qué porcentaje de los préstamos concedidos en un mes llegó al default en seis meses o en un año. Influye directamente en las provisiones, en el beneficio y en las decisiones sobre scoring y límites. El impago también queda en el historial crediticio del cliente, así que declararlo debe seguir reglas claras.

Error frecuente

Cambiar la definición de default para que el informe quede bonito: hoy 90 días, mañana 120. Las cifras mejoran, pero las pérdidas reales siguen ahí.

El segundo riesgo es legal. Las consecuencias del impago y los pasos para reclamar dependen del contrato y de las reglas del país, así que antes de actuar conviene revisarlos con un abogado.

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