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API

La API (Application Programming Interface) es un conjunto de reglas con las que un programa solicita datos o acciones a otro sin intervención humana.

En pocas palabras

Una API es la ventanilla entre programas. Uno se acerca y pide con una frase estrictamente definida: «dame la lista de pagos de ayer» o «envía este mensaje al cliente». El otro comprueba si tiene permiso y lo ejecuta. Ninguna persona participa.

Cómo se ve en la práctica

Un sitio web recibe una solicitud y, mediante API, la pasa al sistema de gestión de clientes. El sistema de pagos avisa por API de que el cliente ha pagado. Una hoja de informes recoge cada hora las cifras recientes. Cada una de estas conexiones se llama integración.

El acceso a una API suele darse con una clave: una cadena larga que funciona como una contraseña. La clave tiene permisos: solo lectura, lectura y escritura, o acceso a secciones concretas.

Por qué importa a quien dirige

La API ahorra horas de traspaso manual y elimina errores del tipo «copié en el sitio equivocado». Pero cada clave es un acceso a los datos de la empresa. Una clave que sigue en manos del proveedor que hizo la integración hace tres años es una puerta abierta.

Otro punto es la dependencia. Si un proceso descansa en la API de un tercero, las reglas pueden cambiar: limitarán el número de solicitudes, cerrarán una función o modificarán las condiciones. Conviene tenerlo en cuenta al planificar.

Error típico

No llevar un registro de claves. Nadie sabe cuántas se han emitido, a quién y con qué permisos. Al cambiar de proveedor o cuando se va un desarrollador, las claves deben revocarse y emitirse otras nuevas.

El principio es simple: permisos mínimos, un responsable claro por cada clave y revisión periódica.

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